martes, 31 de enero de 2017

Mis obras: Serie Las aventuras de Patocho. Capítulo 7

Dentro de un taxi, Patocho saboreaba de la radio tres canciones encadenadas de un tal Dean Swari: No me eches los perros, Sólo quieren comer y Twinkie final. “¡Qué temazos! Pero, con mi voz, mejorarían...”, pensó en voz alta.

El taxista ni se inmutó. Se limitaba a marcar el ritmo con las dedos mientras controlaba el volante. No decía palabra. Nada tenía que ver con PepeGrill—O, el artilugio con software parlanchín. Ahora bien, PepeGrill—O no hablaba por hablar, sino que aprovechaba los momentos en que el hijo del Sr. Chocolate le permitía estar operativo para impartirle valiosas lecciones de ética, tan oportunas para trozos de carne con ojos como Patocho.

—PepeGrill—O, ¿crees que será fácil encontrar a mi padre?

—Lo intentaremos, Patocho. Aunque piensa que el Sr. Chocolate se ha adentrado en una inmensa criatura del entretenimiento... francamente, será difícil distinguirlo entre las multitudes cantarinas.


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