viernes, 24 de marzo de 2017

Mis obras: Serie Las aventuras de Patocho. Capítulo 9

PepeGrill—O no quería sorpresas: vigilaba con gran atención los movimientos de Burguernalds y McDoking al avanzar por un pasillo repleto de puertas.

Se detuvieron de repente. Penúltima puerta. Abrieron. Muteaban sus movimientos. Invitaron a Patocho y su GPS a pasar primero. Aquellos maleantes y su sospechosa cortesía... PepeGrill—O les preguntó qué estaban tramando. Ellos compusieron una respuesta con carnavalesca ambigüedad.


En la sala de control del Auditorio, el vigilante estaba demasiado ocupado revisando sus cuentas personales en las redes sociales como para ver en su monitor a Burguernalds y McDoking abriendo aquella puerta sin permiso.

Ahora bien, aunque el segurata hubiera vigilado con la atención debida, la pantalla no permitía averiguar qué negocio tenían Burguernalds y McDoking en el interior de aquella dependencia. La acumulación de atrezzo de viejas obras de teatro y óperas enterradas en el polvo facilitaba orquestar maniobras delictivas entre las sombras.


La pareja chunga se abrió paso. Un muro azul de Babilonia. Un luminoso de Las Vegas. Las telas de araña y sus cosquillas. Nuestros amigos, impacientes. ¿A dónde les conducirían aquel dúo de maleantes?

Segundos después, la respuesta: llevaron a los nuestros al rincón donde estaba el mismísimo Paco Chocolate. Sí, Burguernalds y McDoking allí lo tenían: inconsciente y atado desde los tobillos hasta los hombros.






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